Día de la Madre: por qué la fecha cambia según el país
Hay una pregunta que se repite cada primavera en las familias con parte de la casa a un lado del Atlántico y parte al otro: ¿el Día de la Madre cuándo es exactamente?
En España es el primer domingo de mayo, así que cambia de número cada año. En México es siempre el 10 de mayo, caiga en el día de la semana que caiga. En Estados Unidos, Alemania, Italia o Países Bajos es el segundo domingo de mayo. En Reino Unido está en marzo. Y en Francia, la última de mayo, salvo cuando coincide con Pentecostés y entonces se va a junio.
No hay ninguna fecha “correcta”. Hay varias historias distintas que empezaron en sitios distintos.
España: de diciembre a mayo
La fecha española no siempre fue en primavera. Durante buena parte del siglo XX el Día de la Madre en España se celebraba el 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción, porque la fiesta nació asociada a la figura mariana y no a una campaña civil.
El traslado al primer domingo de mayo se produjo en los años sesenta, empujado en buena medida por el comercio: diciembre ya estaba saturado de Navidad y una fecha en primavera daba aire a la campaña. Mayo, además, es el mes tradicionalmente dedicado a María, con lo que el cambio no rompía del todo el origen.
Que sea “el primer domingo” y no un número fijo tiene una consecuencia práctica: cada año hay que mirarlo. En 2027 cae el 2 de mayo; en 2028, el 7.
México: el 10 de mayo, y no se mueve
La fecha mexicana tiene un origen documentado y bastante concreto. En 1922, el periodista Rafael Alducin publicó en el diario Excélsior una convocatoria para instituir un día de la madre, y propuso el 10 de mayo. La fecha cuajó de inmediato y desde entonces no se ha movido.
Por eso en México el Día de la Madre es un día de la semana cualquiera, lo que le da un carácter distinto: comidas familiares a mediodía entre semana, escuelas con festival y, en muchos sitios, jornada laboral reducida de facto. Un domingo se organiza solo; un martes hay que pelearlo.

Qué hace un niño pequeño con esta fecha
Para un niño de tres a seis años, el Día de la Madre es sobre todo una manualidad del colegio y una mañana rara en la que él es el que da algo.
Vale la pena aprovechar esa inversión de papeles, porque es poco frecuente. Durante casi todo el año el niño recibe: regalos, cuidados, atención. Un día en el que su trabajo es dar tiene un valor educativo que no tiene el resto del calendario, y funciona mejor cuanto menos lo resuelvan los adultos por él.
Tres formas de que el regalo sea realmente suyo:
Que elija él el contenido, no tú. Si le preguntas “¿qué le gusta a mamá?” te dirá cosas sorprendentes y a menudo más certeras que las tuyas.
Que incluya palabras suyas literales. Escríbelas tal cual, con sus errores. Un “te quiero mucho porque me haces la tostada” vale más que cualquier frase corregida.
Que haya una parte que dure. Las flores se acaban. Un dibujo enmarcado, una grabación de voz o un libro se quedan.
Regalar tiempo en lugar de objeto
Una parte creciente de las familias ha cambiado el regalo físico por un plan, y suele salir bien. Un desayuno preparado por los niños, una mañana sin móvil, un paseo elegido por ella.
Si quieres algo intermedio, funciona muy bien el vale casero: una tarjeta con cinco cupones dibujados por el niño, cada uno con algo que se compromete a hacer. Poner la mesa, un masaje en los pies, una hora de silencio absoluto. El humor mejora el regalo y el compromiso se cumple, que es lo raro.
Y una idea que dura todo el año: cambiar quién lee el cuento de antes de dormir durante una semana. Lo contamos con más detalle al hablar del Día del Padre el 19 de marzo, pero vale igual al revés.
No es un gesto simbólico. El grupo de Grover Whitehurst demostró en un ensayo controlado que basta con cambiar la forma de leer un álbum ilustrado, haciendo preguntas abiertas y dejando que el niño cuente en lugar de escuchar, para acelerar de forma medible su desarrollo del lenguaje en apenas un mes (Whitehurst et al., 1988, Developmental Psychology). Lo que cambia el resultado no es el libro: es quién pregunta y cuánto habla el niño.

Cuándo esta fecha duele
Hay que decirlo, aunque no salga en los folletos.
El Día de la Madre es una fecha difícil para bastante gente: para quien ha perdido a su madre, para quien ha perdido un hijo, para quien lleva años en tratamientos de fertilidad, para familias en adopción o acogida y para niños cuya madre no está. En los colegios empieza a notarse este cambio y muchos centros han pasado a proponer una manualidad para “alguien que te cuida”, que resuelve el problema sin quitarle la fiesta a nadie.
Si es tu caso, el regalo se dirige a otra persona: una abuela, una tía, la madre de acogida, la pareja del padre. Y si el regalo va a ser un libro con esa figura dentro de la historia, conviene sopesarlo cuando la pérdida es reciente. Un objeto que fija a alguien por escrito puede ser un consuelo enorme o un peso; eso solo lo sabe cada familia.
Si el regalo va a ser un libro
Un libro tiene una ventaja concreta sobre las flores: se vuelve a abrir. Y si el niño aparece dentro, se abre bastante más.
Hay varias maneras de llegar ahí sin pasar por nosotros. Un álbum ilustrado sobre madres e hijos con una dedicatoria manuscrita funciona siempre. Un cuaderno de preguntas rellenado por el niño, del tipo “lo que mi madre dice siempre”, es gratis y se relee cada año. Y si buscas un libro personalizado, editoriales españolas como MiCuento trabajan este formato desde hace años.
Lo que hacemos nosotros es un libro personalizado para el Día de la Madre en el que el protagonista es el niño y la madre aparece dentro del cuento, con su nombre. Acaba leyéndose en voz alta entre los dos, que es exactamente donde queríamos llegar. Puedes ver cómo queda en la galería de ejemplos o mirar antes lo que cuesta en precios.
Sea cual sea la fecha que te toque, el primer domingo de mayo o el 10, el regalo que más se recuerda suele ser el que obliga a sentarse juntos un rato. Las flores son para la foto; el rato es para el niño.